sábado, 20 de junio de 2009

Luis Enrique Herrera: todo por una medalla paralímpica


Héctor Alfonso Morales

Un sueño truncado se convirtió en la fuente su pasión. Quiso ser beisbolista por admiración hacia su abuelo; la retinitis pigmentosa lo llevo por otro camino: el de convertirse en un atleta paralímpico de talla mundial.

Luis Enrique Herrera entrena todos los días en la Pista de Calentamiento de Ciudad Universitaria. Desde 1989, no falta a las prácticas de Atletismo. Llega apenas aparece el sol para preparase. Sigue en la búsqueda del anhelo que lo levanta de la cama, le hace ponerse su uniforme que dice, orgullosamente, México; abrocharse sus spikes e ir rumbo a la Pista de Tartán: convertirse en un medallista de los Juegos Paralímpicos.

En su carrera deportiva, el fondista universitario ha logrado siete medallas Panamericanas, tres de Campeonato Mundial, además de un séptimo y noveno lugar en dos Paralimpiadas, en pruebas como los 800, mil, 1500, 10 mil y la maratón en la categoría Track-12 para atletas ciegos parciales. El camino para obtener este palmarés, no obstante, ha estado lleno de vericuetos que ha sabido sortear, a pesar de la limitación visual que padece.

Narra: “Admiraba mucho a mi abuelo, por eso, quise ser beisbolista. Pero a los 16 años me di cuenta de que algo andaba mal. La retinitis terminó con un 60% de mi visión. Si en el béisbol no ves la pelota, no sirves para nada”. Herrera dejó el rey de los deportes “decepcionado y deprimido”; la vida le tendría una segunda oportunidad para continuar en el deporte.

Entró a la Preparatoria 5, y, ahí, conoció al Atletismo.“En un principio, pensé que correr sería fácil, ¿qué tan difícil podría ser?, me dije. Ya después me daría cuenta de lo complicado que es. Te tienes que preparar muy fuerte…”, continúa mientras la voz se le llena de alegría, contagia su emoción y sus ademanes vehemente acompañan su concepto del deporte que practica: “correr me hace sentir libre, feliz, pleno”.

El sobresalto de las palabras de Luis Enrique también va acompañado de agradecimiento. La Universidad Nacional Autónoma de México es todo para el fondista mexicano. "Aquí estudié, aquí me formé, aquí está lo que conozco y quiero". Su carrera académica y deportiva, y la entrenadora a la que ama “como si fuera una madre”, lo comprueban.

Herrera está titulado en Química Farmacológica por la Facultad de Química de la máxima casa de estudios. Presume haber acabado una carrera universitaria y continuar con sus entrenamientos; ríe porque recuerda que se salió con la suya: “vengo de una familia muy tradicional. Mis padres querían que me dedicara a la escuela y lo hice”.

Pero pasiones son pasiones y “me decían que dejara de correr y que mejor buscara trabajo. Lo que hice fue trabajar por temporadas, juntaba dinero y volvía a las pistas”.. Ahora, Luis vive de una beca de ocho mil pesos que la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) le otorga por ser un atleta paralímpico, aunque una de sus compañeras afirma que también ha llegado a vender los tenis que le da la misma institución para llevar una buena calidad de vida.

“¿Por qué no ejerzo mi profesión para tener más dinero? El estar aquí (Pista de Calentamiento) me motiva, me llena más que cualquier otra cosa”. Hace una pausa, busca a su entrenadora; la señala. “Ella es casi como mi hermana, la conozco desde 1989 y ella es la culpable de lo que soy. La admiro, es una mujer como pocas: dedicada, trabajadora, sincera y comprensiva”

Susana Herrera es entrenadora de fondo y medio fondo, pero para el atleta representa más que eso, “porque sabe qué me gusta, lo que no, cómo motivarme, mis debilidades y hasta le cuento problemas que ni a mi familia le platico; es mi amiga y confidente”.

Su instructora lo ha llevado a conseguir todos sus logros nacionales e internacionales. Lo preparó para la maratón de su categoría de los pasados Juegos Paralímpicos de Beijing 2008. Quedó en noveno lugar. Luis Enrique reconoce que aún tiene una asignatura pendiente en la máxima justa deportiva.

Justo ahí. por primera vez en toda la plática, se pone serio. Su gesto se endurece y se recrimina a si mismo. Agita el puño, su rostro se oculta, la sonrisa de siempre se pierde en un tiempo maldito, 2 horas 38 minutos y 50 segundos, que él creyó que le alcanzaría para ganar una medalla en China. “Pensé que con el tiempo que hice, me bastaría para subirme al podio; cuatro años antes, hubiera alcanzado metal con esa marca. Me quedé muy corto esta vez”.

Recupera el optimismo, mismo que se diluye con la sinceridad y el reconocimiento, quizá resignación, de que su anhelada medalla paralímpica nunca llegue…pero advierte que luchará por conquistarla.

“… Ahora tengo 38 años y no soy ningún jovencito, pero todos los días, después de siete medallas Panamericanas, tres de campeonato mundial, un séptimo y noveno lugar en dos Paralimpiadas, me paro todos los días para venir a esta pista a entrenar, y conseguir la única presea que me hace falta, la de unos Juegos Paralímpicos", finaliza con el brillo del Sol en sus lentes que ocultan su deficiencia visual.

Ésa que no ha podido truncar el camino de Luis Enrique Herrera para ser un deportista de talla mundial.

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